Ayer me quede viendo la noche oscura,
cientos de resplandores pasaban surcando los cielos;
sorprendente, somo si el universo se deshiciera,
estaban lloviendo centenares de estrellas.
Las brillantes aliadas de la luna
cobraron vida y revoloteaban inquietas,
como si se tratase de una danza nocturna.
Y el celestial espectáculo encendía imágenes en mí,
porque coincidía en tanto con ella;
pues anoche también fue razón para no dormir
y aunque mi linda niña llegó antes,
siento que de todas las que ayer decidieron partir
me llegó la más hermosa de las estrellas.
Ynher















